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Somos la gente de la que nos previnieron…

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– La Historia Jamás Contada –

Tal vez el mito más grande que se conserva sobre la sexualidad, es el de que ésta ha sido vista siempre de la misma manera por todos los pueblos a lo largo de la Historia, pero la literatura antropológica nos indica extensivamente lo contrario. No sólo a propósito de culturas lejanas y exóticas, sino que aún en nuestra misma sociedad, las opiniones y actitudes hacia la sexualidad varían considerablemente.

Entre los casos de divergencia más notorios, uno particularmente interesante es el que resulta de la diferencia entre generaciones: así, mientras que para nuestros padres la sexualidad era algo que se practicaba y de la que se hablaba a escondidas, para nuestra generación y las posteriores es un tema del que, por lo menos, se habla públicamente.

Un cambio tan espectacular de actitud no pudo darse porque sí: tuvo que haber un proceso de dimensiones sociales que finalmente lo produjera. Este proceso fue lo que de manera un tanto vaga se conoce como el Movimiento Juvenil de los años 60, que vino a transformar radicalmente algunos aspectos de la vida cotidiana, esto es, la forma en que la gente vive su vida de todos los días.

¿Quién no escuchó en esa época hablar del AMOR LIBRE? La expresión no se refería a ninguna actitud de idealización del otro, sino a un ejercicio radical de la sexualidad para el que el matrimonio ya no era un requisito. Incluso iba más allá al cuestionar en los hechos el modelo heterosexual-monogámico, pues las relaciones ya no se daban sólo entre participantes de sexos opuestos ni con una sola pareja. Pero lo más importante era que no se sentía ya la necesidad de ocultarlas: la doble moral iba a la baja.

Otro aspecto importantísimo se refería al cuerpo como un todo:  fue una época de extraordinaria libertad para vestirse, medio vestirse o no vestirse, siendo comunes los pies descalzos y la ausencia de ropa interior. La desnudez total, pública, tampoco escaseaba.

Una parte básica de esta revaloración del cuerpo fueron la ropa multicolor y los adornos, desde las clásicas “flores en el pelo”, los collares, cintas y pulseras, hasta la pintura sobre la piel y las perforaciones (piercings), que son de esa época. Al cuerpo se lo adornaba y lo hacían tanto hombres como mujeres.

De esa época data también el estilo UNISEX, que tanto llegó a significar para la libertad de expresión sexual, pues ahora podían usarse indistintamente peinados, prendas y accesorios antes reservados a determinado sexo, lo que permitía expresar los elementos femeninos y masculinos, respectivamente, de la personalidad, sin provocar automáticamente la censura o agresión de los otros.

Por eso utilicé esa expresión inglesa como título de este artículo: la encontré -otra vez en la Biblioteca Franklin- en un Catálogo de libros buscando publicaciones sobre los hippies, pues como he detallado en esta cápsula, nuestras libertades sexuales actuales provienen directamente de esa generación que se atrevió a hacer lo que sus padres le habían enseñado a condenar: “WE ARE THE PEOPLE OUR PARENTES WARNED US AGAINST.”

Puebla, a 15 de abril de 2004.

(Continuando con la revisión de mis escritos, me encontré una serie de 20 “cápsulas” que escribí para un programa radiofónico sobre sexualidad en que también colaboré. Son de hace 20 años, pero siendo tanto su enfoque como extensión, compatibles con los de mis textos actuales, pensé que algunas de ellas podrían resultarles interesantes.)

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.