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Para recuperar la Historia

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– La Historia Jamás Contada –

A finales de abril de 2003, justo después de haber reanudado nuestra relación, le propuse a una amiga hacer un programa en uno de Radio en el que yo colaboraba, BAJO EL MANTO DE LA NOCHE, que conducía Alberto Rentería -excelente anfitrión, por cierto- sobre la generación que fue adolescente durante los años 70, al que titulé LA GENERACIÓN DE LA AVENTURA por ser ésta la característica de mucho de lo que hicimos entonces.

No es que hayamos sido los primeros, pero a diferencia del segmento generacional anterior -los pioneros-, para nosotros no se trataba sólo de “escapadas” temporales, sino de institucionalizar lo que habían logrado ellos en una reforma de la vida cotidiana que acogiera los más variados estilos de vida.

Así, lo que tan sólo unos años antes fueran desplantes de rebeldía y provocación en cuanto a ropa, cabello, adorno o comportamiento y forma de relacionarse (social y sexualmente) se volvieron cosas comunes, primero entre la población con educación media-superior y luego en el resto de la sociedad.

Esta circunstancia, entonces ya histórica (esto es, lograda, consumada), dio paso a expresiones antes perseguidas o cuando menos mal vistas en lo sexual (poligamia femenina, homosexualidad), político (sindicalismo independiente, comunismo) e intelectual (interés en temas considerados tabú, como el Misterio real o los mecanismos de control político como la “guerra psicológica”).

Esa fue la matriz de la Historia que se desarrollaría a partir de nuestra generación, de la que nuestras historias personales, vividas, serían cada vez más los factores, es decir, que lo que hicimos (o dejamos de hacer, tema de la siguiente entrega, LA GENERACIÓN FALTANTE) influiría en lo que habría de venir, socialmente hablando.

Recuperar la Historia sería, primero, hacer la historiografía de ese periodo desde nuestro propio punto de vista, pues fuimos no sólo testigos presenciales sino también actores de los hechos, evitando con esto cederles la relatoría a los “cronistas de costumbre”, cuya producción ya sabemos a qué va a dar.

En esta “reconstrucción de época”, enfatizar los nodos o disyuntivas cuya resolución concreta fue imprimiendo una tendencia (trend) al desarrollo histórico, el movimiento social que se dirigía hacia un objetivo específico de acuerdo a las decisiones tanto asertivas como negativas tomadas sobre la marcha por los actores sociales, con atención especial a las “alternativas canceladas” de que hablaba Herbert Marcuse: alternativas posibles de mejoramiento de la calidad de vida a las que se opusieron con éxito los sectores más reaccionarios de la sociedad, que no por eso desaparecieron del todo, aunque por efecto de la censura de los “vencedores”, no se haya vuelto a oír de ellas.

Una herramienta que considero indispensable para sacar a la luz la otra Historia es un Catálogo de las expresiones contraculturales del periodo a estudiar y sobre las cuales enfocar la reflexión crítica, para que tanto el modelo teórico como la teoría misma tengan el grado mínimo requerido de validez científica.

Resumiendo, para recuperar la Historia, la “otra Historia”, la Historia censurada, alguien tiene que hacer el trabajo, pero uno de buena calidad, científico, o que equivale a decir académico, universitario, aunque… ¿estarán las propias Universidades preparadas para hacerlo? Ahí queda la pregunta.

Puebla, a 17 de diciembre de 2008.

(Me pareció interesante publicar este texto ahora que el “nuevo” (?) régimen pretende devolvernos a la época de una Historia mítica donde eran los “héroes de la Patria” quienes inciaban y consumaban las transformaciones sociales y por ello debía rendírseles un culto prácticamente religioso, con liturgia y días de guardar: un concepto bastante trasnochado y nada científico, por cierto. ¿Qué piensan ustedes?)

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.