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Los beneficios del perdón

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ConoSer Bien

“El estúpido no perdona ni olvida, el ingenuo perdona y olvida, el sabio perdona, pero no olvida.”
Thomas Istvan Szasz (1920-2012)

El perdón es un concepto que ha sido abordado desde la más remota antigüedad. En la mitología griega Eleos, diosa que personificaba el perdón, la clemencia y la misericordia, tenía un altar en el ágora de Atenas. Era un templo sin estatuas ni rituales ya que se consideraba que “el dios moraba sólo en los corazones de los hombres”.  

En la mitología romana, se menciona a Clementia, la diosa del perdón, la compasión y la misericordia, que se convirtió en una divinidad tras el asesinato de Julio César, el cual encarnaba en vida esta virtud ya que César perdonó a uno de sus rivales que se había rendido. En el año 44 a. C., el Senado decidió erigir un templo en honor del Divus Iulius y para el culto a la divina clementia Caesaris, ensalzando las cuatro virtudes estoicas: virtus (virtud), iustitia (justicia), pietas (piedad) y clementia (perdón). 

Etimológicamente las palabras “perdón” y «perdonar» vienen del latín “perdonare” y significa «dar completamente, olvidar una falta, librar de una deuda». Sus componentes léxicos son: el prefijo per -completamente, total y donare -regalar. El Diccionario de la Real Academia Española le asigna, entre otros, el siguiente significado: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente.  

En la Biblia existen una gran cantidad de citas relacionadas con el perdón, vemos en Mateo 18:21-22 “En esta sazón, arrimándosele Pedro, le dijo: Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano cuando pecare contra mí?, ¿hasta siete veces? Le respondió Jesús: No te digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete, o cuantas te ofendiere”.

Según la Biblia, perdonar es mostrar clemencia y misericordia a quien nos ha ofendido o causado algún mal. Al perdonar, cancelamos la deuda que tenía la otra persona, el ofensor, con nosotros. Nos dice el Libro de la Ley que “perdonar es liberador y restaura relaciones rotas”. 

Perdonarse y perdonar es una decisión, una actitud, un proceso, una forma de vida que se ofrece a los demás y se acepta para nosotros con la finalidad de estar bien con uno mismo, antes que con los demás. El perdón es una decisión voluntaria y consciente, que nos libera de sentimientos negativos, como el rencor, resentimiento, enojo, dolor.  

El mundo fue testigo de uno de los actos más extraordinario de perdón cuando el 27 de diciembre de 1983, en la prisión de Rebibbia en Roma, el Papa Juan Pablo II se reunió con Mehmet Ali Agca, el mismo terrorista que el miércoles 13 de mayo de 1981 le disparó en la Plaza de San Pedro y fue alcanzado por 4 balas, 2 de las cuales se alojaron en su estómago, otra le alcanzó en el brazo derecho y la última en la mano izquierda. Los dos hombres se sentaron a pocos centímetros uno del otro durante 21 minutos en la celda de Agca. Absortos en la conversación y mientras se tomaban de la mano, Juan Pablo dijo firmemente, «Te perdono». Al salir libre Agca viajó al Vaticano para poner rosas en la tumba del difunto pontífice ya que el papa había dicho: «Rezo por el hermano que me ha disparado, a quien sinceramente he perdonado.» 

Hay una frase que se dice a menudo: “Perdono, pero no olvido”, y me pregunto ¿Es posible perdonar sin olvidar? ¿Es posible no sentir rencor si recordamos la falta? El olvidar o no olvidar debería no tener importancia si se decide actuar con benevolencia y sin rencores, entonces se habrá alcanzado un nivel superior de paz y tranquilidad. Al final el rencor hace más daño al rencoroso que al que nos ofendió. 

¿A quién no le han herido las acciones o las palabras de otra persona? Seguro a todos, pero particularmente si son expresadas por una persona a la que se quiere y en la que se confía, esas heridas pueden causar resentimiento, amargura, ira, e incluso odio. Si se aferra el ofendido a ese dolor, quizá sea él quien pague el precio más alto. Perdonar le puede traer paz y esperanza. Hay que considerar cómo el perdón podría guiarle por el camino del bienestar físico, emocional y espiritual

Investigadores de la Clínica Mayo¹ indican que son muchos los beneficios de otorgar el perdón y que puede llevar a lo siguiente: Relaciones más sanas. Mejor salud mental. Menor grado de ansiedad, estrés y hostilidad. Menos síntomas de depresión. Disminución de la presión arterial. Sistema inmunitario más fuerte. Mejor salud del corazón y Mayor autoestima. 

Algunas personas perdonan, por naturaleza, más fácilmente que otras. Pero, aunque se tienda a guardar rencor, casi todo el mundo puede aprender a perdonar

Si le resulta difícil perdonar, es posible que le ocurra lo siguiente: Lleve su ira y amargura a nuevas relaciones y experiencias. Esté tan enfocado en la mala experiencia que no pueda disfrutar del presente. Se deprima, esté irritable o ansioso. Sienta que se está en conflicto con sus creencias espirituales. Pierda conexiones valiosas y enriquecedoras con los demás. 

Por consiguiente, amable lector, el perdonar a los otros resulta fundamental para nuestra paz interior y nos ofrece la oportunidad de sanar, tanto internamente como en nuestras relaciones. El perdón, más que un regalo que les hacemos a los demás, es un regalo que se entrega a sí mismo 

El poeta inglés Alexander Pope acuñó la famosa frase, «Errar es de humanos, perdonar es divino, rectificar es de sabios». Esto explicaría por qué a los humanos nos cuesta tanto perdonar.

Juzgue usted.

Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com