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La opresión del género

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 – La Historia Jamás Contada –

Un tema que recurrentemente sale a la luz, pero debido a que se convierte en noticia y, con mayor frecuencia, policiaca, por quedar asociado a un escándalo o incluso un delito, es el del GÉNERO, sobre el cual, paradójicamente, abundan  la investigación y discusión académicas, pero que no hallan mayor espacio  en la consideración general, como si ya todo estuviera dicho, sin ser así ni mucho menos, pero es la impresión que prevalece en la cultura (de masas) dominante y sus estereotipos, aunque la Historia Universal registra la existencia de numerosas excepciones en la vida real de los diversos pueblos.

Sería imposible, además de ocioso, elaborar siquiera un resumen de estos casos históricos, que tampoco impresionaría demasiado a quienes se consideran a sí mismos y sus cercanos como individuos “normales” en cuanto a su género, sin contar a los que incluso quieren imponer por la fuerza su “normalidad” a todos valiéndose de la propaganda mediática y hasta la coerción directa, como los fanáticos que preconizan las infames “terapias de conversión”.

¿Cómo es posible -se preguntarán- que prevalezca tal estado de cosas con el adelanto actual de las comunicaciones?  Pues como siempre se ha hecho: ocultando sistemáticamente esa parte de la realidad para que no exista punto de comparación entre ésta y un dogma que se presenta como una ley natural, suprahumana, contra la cual resulta inútil rebelarse.

Este es precisamente el núcleo de la cuestión y también el por qué los más vehementes y cerrados defensores del statu quo en cuanto a género provengan de las filas de los “teóricos” (?) entre los pretendidos representantes de lo Trascendente (divino o equivalente) aquí en la Tierra. (Recuerdo una ocasión en la Universidad, hará unos cuarenta años, cuando en el transcurso de una Mesa Redonda, un ponente afirmó que la Biblia no condenaba el comportamiento homosexual, a lo que repliqué, desde el público, citando el conocido pasaje del Levítico. Otro de los ponentes, sacerdote y estudiante de Antropología, nos aclaró entonces que él consideraba dicho Libro como un documento antropológico que trataba de un pueblo en particular en  un lugar y época particulares. Siendo así, la cuestión quedó zanjada sin más.)

El género no es sólo una letra con la que se rellena inequívocamente un espacio en un formulario o documento oficial: se trata de un DISPOSITIVO para normar (hormar) las características esenciales del ser-para-sí-mismo y para los demás de un individuo, que determinará la mayor parte de sus elecciones en la vida, desde las más personales como apariencia, lenguaje corporal, hábitos y relaciones cotidianas hasta sus propósitos y metas a largo plazo, no sin su cuota de incertidumbre, desasosiego e insatisfacción, que al acumularse pueden convertirse en un verdadero conflicto existencial, un drama interno que tarde o temprano desembocará en una crisis.

En 1985 escribí un microensayo en que abordaba un aspecto de esta cuestión y ahora les comparto, que tuvo una inesperada y feliz secuela al lograr sacar a un joven de un proceso depresivo que lo estaba orillando al suicidio, como me comentó su amigo. Sí, la reflexión crítica oportuna puede ahorrarnos muchas desgracias.

LA CENSURA Y EL PROBLEMA DEL RECONOCIMIENTO DE LA PREFERENCIA SEXUAL

Epígrafe: “…a los quince años no tenía idea de lo que era la homosexualidad. Por mi mente no cruzaban estas ideas ni había oído hablar nunca de que dos personas del mismo sexo pudieran darse cita con fines sexuales”. (Alan Ebert, HABLAN LOS HOMOSEXUALES, página 358.)

En la literatura sexológica de tendencia liberal se ha hecho corriente hablar con toda naturalidad de la preferencia homosexual o bisexual que algunos hombres y mujeres reconocen en sí mismos, pero sin preguntarse jamás cómo dichos hombres y mujeres pudieron reconocer tal preferencia en un ambiente saturado de imágenes heterosexuales. Este reconocimiento se atribuye a priori a un hecho fortuito -lo que algunos llaman el “disparador”- que tiene la virtud de descubrirle a la persona su propia preferencia homosexual o bisexual. Ni por un momento se ha pensado en la posibilidad de facilitar este reconocimiento mediante alguna técnica de psicodiagnóstico semejante a las usadas para descubrir la vocación profesional, lo que demuestra que aún los sexólogos más liberales respetan finalmente la norma de la heterosexualidad.

Sin embargo, la idea del reconocimiento espontáneo de la preferencia sexual que manejan dichos sexólogos hace pensar en si no será la supresión de las imágenes homosexuales y bisexuales de la escena pública, es decir, la censura de estas imágenes, la responsable de la falta de reconocimiento por un mayor número de personas de su propia preferencia homosexual o bisexual, así como de la angustia experimentada por aquéllas que, aun intuyéndolo, no aciertan a identificar qué las hace sentirse diferentes.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.