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La demagogia vicaria

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– La Historia Jamás Contada –

Vivimos ahora una época extraña en varios sentidos, con el cambio climático y el impacto de las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial generadora -en el sentido de la “generative grammar” postulada por Noam Chomsky antes de que este genial lingüista se convirtiera  en otro de tantos opinadores- como posiblemente los referentes más visibles,  aunque también se encuentran otros en actividades tan viejas como la civilización misma, pero no exentas de sufrir mutaciones inesperadas, como la POLÍTICA con la aparición de una nueva cepa que denominé “demagogia vicaria” o subdemagogia por ser tan sólo el eco de una emitida originalmente por un demagogo profesional.

Es la variedad que prevalece actualmente gracias a la posibilidad, producto también del desarrollo tecnológico, de hacerse básicamente oír -y, en menor grado, leer– por una gran cantidad de individuos que, a su vez, en sus ratos -o temporadas- de ocio, “echan una cana al aire” como politólogos pop, disertando “doctamente” -para ellos y quienes los siguen- sobre los más variados temas, mimetizándose con su venerado Mentor, no mejor preparado que ellos, pero de lo que son inconscientes, pues de serlo  ni siquiera lo tomarían en cuenta.

Y esto en una cadena que se replicará a sí misma ad infinitum et nauseam mientras disponga de un auditorio cautivo que incluso pague por ser embaucado. (Como en el caso de un conocido “merolico de las redes” al que acuden como un oráculo que les interprete lo que no entienden de los sucesos políticos, lo que hace a través de truculentas teorías de conspiración que llevan a pensar si se trata sólo de delirios o hay algo maquinado (engineered) detrás. De ser lo primero, debe existir por ahí algún expediente clínico… En fin.)

Sea como fuere, la sarta de supercherías que diseminan cada vez que tienen oportunidad, afecta emocionalmente a su -en principio- involuntario auditorio, pues si muchos reaccionan con animadversión, siempre habrá sujetos predispuestos que la tomarán muy en serio y la harán suya por una especie de “Método Strassberg” como el de los actores que buscan en sí mismos las emociones adecuadas para encarnar un personaje. En este caso básicamente el RESENTIMIENTO, la dolorosa memoria de los agravios, fracasos y frustraciones, para representar su nuevo y, para ellos, socialmente trascendente papel de SUBDEMAGOGOS. Un fenómeno bien conocido por los profesionales, pero inconsciente para sus incautos repetidores.

Esta insidiosa labor de hormiga de los demagogos vicarios que, como aquéllas, se introducen por cualquier rendija, por mínima que sea, es la responsable directa de la profunda DIVISIÓN interna de la población en buenos y malos, términos subjetivos a más no poder que, sin embargo, consolidan OBJETIVAMENTE el Poder político del régimen, antes siquiera -y al margen- de cualquier proceso electoral formal, sus prolegómenos y accesorios -como los debates y post-debates, por ejemplo-, pero de la que nadie quiere ocuparse, exactamente como sucede con la otra plaga, aun cuando se trate ya de una verdadera MARABUNTA. (¿Recuerdan esa clásica película de los años 50?)

La técnica -o táctica, si así lo prefieren- profiláctica  es realmente muy sencilla: no dar sin más por verdaderas las ráfagas de exaltadas afirmaciones de los subdemagogos sino, sin desviarse de la propia agenda cotidiana, ponderar lo que les gusta y lo que no de la situación actual y, en base a este diagnóstico propio, no inducido ni mucho menos copiado de un vociferante propagandista cualquiera, como el aludido merolico u otro similar o incluso un aficionado afectivamente cercano, construir una teoría propia y ponerla a prueba en casos concretos, que puedan verificar personalmente. Con esto se saldrán de la corriente de opiniones -corrientes, por supuesto- que, en un descuido, también puede arrastrarlos.

Y ocasionalmente, pues resulta desgastante y consume su tiempo, realizar un análisis pormenorizado de un discurso particular de un demagogo de la vida real, desde el Rey y sus cortesanos hacia abajo o, ¿por qué no?, de un espontáneo que se acabe de lanzar a la arena política, ejercicios que les proporcionarán valiosas observaciones con las cuales refinar sus herramientas críticas.

¿Cómo la ven hasta aquí, amables (y asediados por tanto súb…dito) e-lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.