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La corrupción y la muerte 

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El mundo iluminado

La filosofía se hace a partir de la observación de las cosas simples. La filosofía es la ciencia que busca desentrañar el fundamento de la realidad, es decir, la filosofía busca explicar el por qué de las cosas. La filosofía, en general, parece compleja e inaccesible para la mayoría de las personas, sin embargo, todos, de una u otra manera, en mayor o en menor grado, hacen filosofía, pues no hay persona que nunca se haya cuestionado con respecto al por qué de las situaciones que está viviendo, así como su relación con los seres y objetos que le rodean. 

El universo es complejo e imposible de comprender por completo, pero aún así es posible establecer los principios generales que lo rigen. Al universo lo comprenden todas las formas, seres, cosas y entidades que lo constituyen, ya sean éstas materiales o inmateriales. Desde lo macro y hasta lo micro el cosmos se replica a sí mismo bajo un esquema de fractales en el que es posible hallar el reflejo de una supernova en la constitución de una mota de polvo. El universo es lo que es, con o sin nosotros, y este ser del universo es lo que la filosofía intenta descifrar. 

Nuestras capacidades intelectuales son más limitadas de lo que imaginamos, pero es nuestra soberbia la que nos hace creer que sabemos más de lo que en verdad sabemos. Debido a este obstáculo intelectual que nos caracteriza es que si nosotros queremos comprender filosóficamente no ya el universo, sino apenas una de sus partes, es que debemos de comenzar a observar detenidamente sus formas más pequeñas, inmediatas y aparentemente simples que nos rodean, pues, como ya se mencionó. en lo ínfimo es posible percibir lo infinito. 

No hay una sola manera de hacer filosofía y tampoco es necesario inscribirse a una institución educativa para estudiarla. La filosofía está aquí y ahora, en lo que nos rodea, en la luz que percibimos, en la forma de nuestro cuerpo, en el movimiento de nuestros ojos, en la respiración que entra y sale de nuestros pulmones, en el incansable corazón que nos mantiene con vida y cuyo ritmo es la música que aleja a la muerte de nuestras venas. La filosofía reside en todo porque de todo se pueden hacer preguntas profundas, también superficiales, pero éstas últimas no nos llevarán a la comprensión de los fundamentos de la realidad. 

La filosofía está en las cosas grandes y en las cosas pequeñas. El huevo que pone un ave para perpetuar su especie, por ejemplo, es filosofía en acción y por ello es que desde siempre ha sido estudiado por filósofos de toda índole. En la época del Renacimiento, el modelo educativo que se interesó en estudiar los principios filosóficos del huevo fue el de los emblemas, los cuales son imágenes enigmáticas acompañadas por un breve texto que contiene una enseñanza moral, política, estética, espiritual o hermética. 

Algunas obras de emblemas que son fundamentales son El libro de los emblemas, de Andrea Alciato; La fuga de Atalanta, de Michael Maiers; y La turba de los filósofos, de autor anónimo. De estas tres obras, las últimas dos son semejantes en tanto que su tema es la alquimia, aquella ciencia de los magos de la antigüedad que mediante la puesta en práctica de un compendio de complejas fórmulas pretendían convertir el plomo en oro, o lo que es lo mismo: obtener la Piedra Filosofal, aquella que otorga la vida eterna y la comprensión de cuanto existe. 

Volviendo al tema del huevo, tanto en La fuga de Atalanta como en La turba de los filósofos se hace mención de este pequeño objeto oval que es producido, en su mayoría, por las aves. El huevo, desde la mirada filosófica, es un microcosmos en potencia, es aquello que aún no es, pero que está en posibilidades de ser. Es cierto, el huevo es huevo, pero al mismo tiempo el huevo todavía no es porque su forma ideal es la de un ave, la de un reptil, la de un insecto o la de un animal acuático. Esta capacidad del huevo para albergar vida, a pesar de la fragilidad de su cáscara, es lo que llevó a los filósofos y alquimistas a comprender al huevo como un símbolo por excelencia de la regeneración de la vida. En su libro de emblemas, Michael Maiers dice: 

«Los Filósofos golpean su huevo con el fuego, no para que sea destruido y perezca, sino para que reciba la vida y crezca. De él sale un polluelo animado y viviente, no se debe afirmar que es un tema de corrupción, sino de generación. El polluelo deja de ser un huevo por la desaparición de la forma oval y comienza a ser un animal bípedo y capaz de volar por la aparición de una fuerza más noble. Lo amarillo produce el polluelo, la raíz de sus miembros y de sus vísceras. Lo blanco suministra la materia, es decir el tejido y el medio de crecimiento. El calor exterior es el primer motor que introduce una nueva forma bajo la dirección de la naturaleza. Mientras todos estos elementos se unen, una forma específica es enviada desde lo alto de los astros y da nacimiento a un individuo. El huevo es golpeado por los filósofos con la ayuda de una espada de fuego. Mercurio fue encerrado en un huevo por Vulcano y no fue liberado antes de haber sufrido completamente la corrupción y la muerte. Esta corrupción y muerte es para él, comienzo de una nueva existencia, pues confieren al huevo la generación y la nueva vida. Una vez privados de esta vida presente e ilusoria que llevamos, otra está totalmente preparada, más perfecta y eterna.» 

La explicación de Maiers no es literal, sino hermética. El huevo es símbolo de la vida y de la regeneración. En La turba de los filósofos se menciona la relación del huevo con aspectos filosóficos de la existencia al referir que la cáscara es el elemento tierra, la clara es el agua, la fina membrana debajo de la cáscara es el aire y la yema es el fuego, y de la combinación de todos se obtiene la consciencia, en este sentido, el huevo es una piedra filosofal en potencia, sólo asequible para quien ha comprendido la necesidad de entregarse a la corrupción y la muerte. 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.