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De contactados, abducidos y otras rarezas

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– La Historia Jamás Contada –

Hace dos semanas, decidiendo sobre el tema del siguiente programa de MisterioZona, mi amigo David Potter, operador y coordinador de invitados, me propuso el de “Juanito Juan”, personaje que llevó a la escena pública Jaime Maussán debido al evidente ¿acoso? de una misteriosa esfera metálica volante que merodea por su casa y de la cual posee una creciente cantidad de videos.

Una vez tomada la decisión de hacerlo así, mi siguiente paso fue hacerme una idea más cabal del protagonista de tan extraña historia a través de datos y testimonios que lo situaran en su propio contexto existencial más que instrumentalizarlo como parte de un dispositivo mercadotécnico del cual el show televisivo es tan sólo el señuelo (appeal).

Así que al ir localizando y eventualmente descartando diversas reseñas puramente mediáticas, di con una entrevista realizada por un YouTuber argentino en la que el propio “Juanito” relata pormenorizadamente su experiencia, que se ajusta a la ya (arque)típica de un no sólo contactado sino también abducido, “pequeña” circunstancia que se soslaya en el show, ignoro por qué motivo o con qué propósito.

Entre las reseñas también había, como es usual, las críticas o decididamente negativas, imprescindibles para el investigador por resaltar las inconsistencias lógicas o de otro tipo en el relato, que permiten ir perfilando nítidamente el caso, al tiempo que dan paso a la transición de la etapa puramente periodística a la detectivesca o policiaca, tras de la cual ya es posible decidir si se continúa la investigación o simplemente se archiva.

Fue aquí cuando caí en la cuenta de algo obvio: que no siempre los detractores (debunkers) hacen su tarea y sólo se dedican a atacar sin más a sus objetivos, confiando en el analfabetismo en el tema de quienes los siguen o participan interactivamente con ellos. (Ya al aire en el programa, expresé mi intención de escuchar la crítica de alguien a quien tenía por un reputado investigador, pero que cuando menos en este caso se comportó como el chismoso típico de las redes, al grado de desinteresarme completamente los comentarios y puyas tanto de él como de sus contertulios.)

Entrando al tema específico de “Juanito”, resulta que nos encontramos inmersos en el (aparentemente) fantasmagórico ambiente del contacto-abducción (con todo y exámenes e “implantes”) y, partiendo de ahí, el perturbador acoso virtual de algo que no se ajusta  a lo que entendemos por ser vivo o natural, sino que parece provenir de un medio alien (del latín alienus = ajeno, extraño) y que por razones e intenciones desconocidas, se aproxima a algún humano cambiándole cuando menos su visión de la vida, como se afirma sucede tras una Revelación -si divina o no, eso queda a discusión-, como en los tradicionalmente venerados casos de apariciones de Vírgenes.

Con lo anterior no quiero decir que se trate del mismo fenómeno ni mucho menos, sino que tiene implicaciones que van mucho más allá de “simples” delirios o alucinaciones propios de un agudo estado de embriaguez etílica o cannábica -como se lo dio a entender el compañero conductor (driver) que recogió en la carretera al taxista Salvador Villanueva cuando éste le relató lo que acababa de sucederle-, como se acostumbraba “explicarlo” (?) durante los años 50 y 60.

Ahora contamos con muchísima scholarship (literatura académica especializada) proveniente de los más diversos e insospechados campos del conocimiento, además de las acostumbradas fuentes de la cultura pop como el cine, la televisión (series, talk-shows, documentales) y los novedosos aunque frecuentemente efímeros contenidos de Internet, que siempre pueden enriquecer nuestro propio punto de vista a condición de no convertirnos al credo particular de algún determinado influencer, sea de una u otra orientación.

Es sobre este fondo cultural, informado, que podremos justipreciar la importancia de la experiencia y mensaje tanto de “Juanito” como de otros contactados-abducidos tanto del pasado como del presente y el futuro, que los habrá.

De otra manera, o nos afiliamos a un culto de OVNIS que “puede resultar nocivo para la salud (mental)”, o bien nos incorporamos a algún lavadero comunal fonde se ventilan estos y otros asuntos sin el menor conocimiento o genuino interés científico, filosófico o espiritual, sino sólo por “botanear prójimo” a falta de algo más atractivo o excitante.

¿Qué opinan ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.