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Cuidado con los cruces peligrosos

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– La Historia Jamás Contada –

Revisando la literatura reciente, tanto erudita (scholarship) como periodística sobre las sectas, con el propósito de realizar un programa al respecto, resulta evidente que éstas se encuentran en auge, lo que no es ajeno al prodigioso desarrollo de las telecomunicaciones aunado al subdesarrollo de la capacidad para procesar racionalmente la enorme cantidad de información vertida que presentan muchos individuos, circunstancia aprovechada por los líderes o fundadores de dichos grupos para su expansión y beneficio.

Esta capacidad de distinguir o discriminar entre lo verosímil y lo que ni siquiera se le acerca, los lleva a engancharse con las más delirantes afirmaciones o interpretaciones de ciertos individuos carismáticos de los que acaban siendo sus más leales seguidores o incluso sus devotos, para extrañeza de quienes los conocieron antes de su CONVERSIÓN, pues de eso se trata.

Esto en cuanto al converso, el elemento pasivo en esta relación de poder. ¿Pero qué hay del otro, el activo? ¿Qué lo llevó a asumir esta posición, desusada en una sociedad que tiende a ser igualitaria? Un aspecto que ha sido descuidado, como si los propios críticos -investigadores quedasen deslumbrados ante la presencia del sujeto-líder, aceptándolo simplemente como un hecho, al igual que el analista político común que no se pregunta por el origen de los prohombres de que se ocupa.

Y aquí es donde acuden mis recuerdos, esta vez de hace cerca de 30 años, cuando vi un libro con el título LOS ENFERMOS QUE NOS GOBERNARON, que atrajo inmediatamente mi atención. Por la contraportada me enteré que trataba de las dolencias físicas que aquejaban a los protagonistas, mientras que yo había pensado en otra cosa.

Eso otro es lo que me propongo explorar ahora, pues es ya un fenómeno reconocido por investigadores y comentaristas la insólita proliferación de gobernantes que se erigen el líderes absolutos de sus países, haciendo a un lado cualesquiera convenciones DEMOCRÁTICAS que pudieran existir, lo que implica que su legitimidad -así lo consideran ellos- no proviene más del consenso, la mayoría, el pueblo o simplemente la gente, sino de algo más alto, profundo, trascendente o sobrehumano, de modo que no tienen ya que rendir cuentas a nadie por sus actos, en principio incomprensibles dentro de una racionalidad política contemporánea.

Cuando las cosas se ponen así de extrañas, puede que aplicar mi lema de investigación: “¡Sigue el camino mafufo!” nos ponga sobre la pista correcta.  Hay que comenzar a indagar entonces en el lado oscuro, patológico de los personajes, confeccionar su historia clínica, atender a los pequeños detalles insólitos de su pasado, pues podrían ser sintomáticos de lo que sucedía en su vida interior, subjetiva, que eclosionaría al exterior cuando se dieran las condiciones objetivas propicias.

Esto, que suena demasiado moderno, decididamente freudiano, ya era sin embrago intuido en la Antigüedad por los cronistas intrigados ante el cambio espectacular de sus retratados una vez llegados al Poder, fuera ya del alcance de la retribución social: el fuero, ni más ni menos.

Ahora mismo, ¿cuántos de los gobernantes actuales no se sentirán guiados por una voluntad divina, infernal o del Más Allá? ¿O tal vez se consideran reencarnaciones de su héroe histórico favorito, en cuyo caso adoptarán las formas y maneras de esa época, anacrónicas para nuestros días? ¿O tal vez se sientan elegidos por alguna misteriosa Hermandad de seres evolucionados de aquí o de fuera para realizar sus altos designios? Y cosas así: just name it.

Como los conversos, los líderes sectarios también viven en un Universo religioso propio, lo que por sí mismo nada tiene de objetable, pero si en las sectas privadas la ausencia de control sobre ellos da origen a tantos abusos, lo mismo, pero multiplicado hasta lo inconcebible, sucede cuando son iluminados los que gobiernan países enteros: por eso cuando la Política se cruza con Religión, son malas noticias para TODOS.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.