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Paradigmas de transformación vital por la lectura PDF Imprimir E-mail
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Roberto Martínez Garcilazo*   

Roberto_Martnez_GarcilazoQue la lectura de un libro determinado (predestinado, diría Borges)  puede transformar radicalmente la vida de su lector no sólo es un lugar común, es también –en términos profundos- parte de la mitología de la historia de la cultura.

Propongo como paradigmas de trasmutación vital por la acción áurea del libro los siguientes cuatro casos:

Francesca de Remini (1255-1285). Es conocida la historia: Francesca está casada, por conveniencias políticas, con Giovanni Malatesta y enamorada, por razones del corazón, de hermano menor de su marido, Paolo Malatesta. Canta el divino Dante, en la rapsodia V del Infierno, los detalles de la escena previa a la consumación del adulterio, como producto del nefasto influjo de la lectura de un libro que narraba los deliquios de dos amantes celebres: Lancelot y Ginebra. Dice el sumario del canto en cuestión: “Canto quinto, en el cual se muestra el segundo círculo del infierno y trata de la pena impuesta al vicio de la lujuria representada por las personas de dos famosos gentiles”. Este caso de transformación vital a través de la lectura de un libro es –pese a su naturaleza punitiva- básicamente un caso de trágica realización del destino personal.

Ignacio de Loyola (1491-1556). En 1521, durante una batalla en Pamplona, una bala de cañón rodante lo alcanza y le fractura una pierna. Durante la larga convalecencia Ignacio de Loyola –según sus hagiógrafos- lee La vida de Cristo de Ludolfo de Sajonia y también –éste el libro transformador- el Flos Sanctorum. Abandona la vida militar, reorienta su vida, sufre terribles y fascinantes visiones y, finalmente, se consagra a la vida religiosa. Busca un heroísmo superior al del guerrero y lo encuentra.

Teresa de Jesús (1515-1582). La fundadora de la orden de las carmelitas descalzas y doctora de la iglesia católica y exquisita poeta del amor místico, tuvo en la lectura de las Confesiones de san Agustín el libro que mutó su vida y la disparó hacia el éxtasis visionario, el oficio poético y doctrinal y la labor fundadora de conventos. Este intenso tráfago extraordinario cristalizó en una obra señera: Las Moradas o El castillo Interior.

Alonso Quijano (Cervantes: 1547-1616). Aquí hablo del personaje de Cervantes, de Alonso Quijano, que por pasarse los días de claro en claro –sin dormir, ni comer- leyendo libros de caballerías “se le secó el seso” y se creyó él mismo caballero andante con la misión de desfacer entuertos y castigar malvados. El suyo fue un proceso de radical ficcionalización, de trasmutación de la gris –como el plomo- vida ordinaria, a la dorada –como el oro- vida heroica del caballero andante.

Amable lector, no existe duda, el libro es alquimia de la vida. Es posible que la misteriosa predestinación tenga ya reservado el libro que cambie el paradigma de tu vida.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano.

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